Templo Kasuisai del monte Bansho-zan

¿Te animas a experimentar el mundo del «zen», el cual cautivó al carismático fundador de una compañía fabricante de ordenadores de fama mundial?
Este es el Akiha Sohon-den Kasuisai, portador de una historia de más de 600 años.
Este templo es famoso por ser elegido «enshusanzan», y por ser el mejor dojo zen de la región Tokai.
Cualquiera puede visitar libremente este lugar.
Aquí puedes juntarte con los monjes ascetas y sentarte con las piernas cruzadas para hacer meditación.
En la clase de experiencia del zen, puedes alejarte del trabajo y de la vida del día a día, de ese smartphone del que tanto te cuesta apartarte y de los días de agitación para obtener un punto de vista diferente.
El nombre de Kasuisai trae una historia consigo.
En el pasado, el templo Kasuisai era llamado Toyoken.
El bonzo superior del templo budista perteneciente a la 11ª generación llamado bonzo Tozen Senrin, rescató una vez a Ieyasu Tokugawa, cuando este era pequeño.
Más tarde, Ieyasu, que se convirtió en el jefe del castillo de Hamamatsu, visitó al bonzo e intentó agradecérselo.
Sin embargo, el bonzo comenzó a adormecerse estando delante de Ieyasu.
Ieyasu, al observar esto, se dice que explicó lo siguiente: «El bonzo me mira como si fuese su querido niño. Por eso se duerme tan sosegado.
Me alegra sentir su afecto hacia mí. No me importa que el bonzo se duerma».
Desde entonces, el bonzo fue llamado «kasui osho» (el bonzo durmiente), y el templo comenzó a ser referido como Kasuisai.
¡Los aseos también tienen dioses!
Ususama-myou-o, de quien se dice que tiene como origen el dios del fuego hindú Agni, vive en los aseos.
Este es un dios protector de quien se dice que reduce las impurezas a cenizas.
Durante la fiesta Enshu-sanzan furin matsuri aparece una senda de «furin».
Cerca de 2000 «furin» de Edo retumban con su transparente sonido sobre nuestras cabezas.
El kasuisai también es famoso por la fiesta Hina-matsuri ('Fiesta de las Niñas en Japón').
En el «zuiryukaku», 1200 muñecas se adornan en los 32 pisos del «hinadan» ('estantería para muñecos').
Las escaleras frente al «sanmon» también se convierten en «hinadan». Es una ocasión perfecta para visitarlo con los niños.
Aunque no pruebes a experimentar el zen, solo el hecho de pasear y observar el interior del recinto te permitirá evadirte del día a día.